Sabina rastrera
En Octubre del 99 el Club Bonsái Madrid me contrató para una serie de tres demostraciones, para las cuales me pedían que trabajara un árbol que fuera espectacular, tanto por la complejidad del trabajo, como por la calidad del árbol. Acepté la propuesta y elegí esta sabina rastrera de más de 1 m. de longitud. Dediqué las tres demostraciones a comentar minuciosamente los pormenores del trabajo y al modelado de la parte aérea del árbol, quedando el plantado y trabajo de raíces para la temporada siguiente.
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Sabina rastrera (juniperus sabina) antes del trabajo. Eran dos los problemas principales que presentaba el diseño de esta sabina. El primero era la base tan estrecha, apenas 5 cm., que resultaba casi ridícula en comparación con la parte más ancha del tronco que medía casi 20 cm. Otro problema era el tramo tan recto de tronco que iba desde la primera curva del tronco hasta el comienzo de la copa. Este tramo, además, se veía muy delgado si se comparaba con la zona de la curva principal del tronco.
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Detalle de la estrecha base. Este árbol no tenía nebari.
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Para solucionar el problema del nebari, se modificó la posición de plantado, de modo que la parte más ancha del tronco quedara en contacto con el suelo, así se consiguió un impresionante nebari.
La rigidez y exceso de longitud de la parte media del tronco se corrigió separando la vena viva del tronco de la madera muerta en la zona donde se quería doblar. Así se consiguió levantar la copa y añadir una curva en la parte media del tronco. Esta foto corresponde a marzo de 2.001, una temporada después de la demostración. La foto está tomada en el momento de la plantación, con el cepellón envuelto en una tela. El trasplante prometía ser complicado pues había que trabajar el cepellón de modo que se pudiera colocar bajo el tronco.
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Dentro del cepellón estaba enterrada una parte del tronco que nos imposibilitaba plantarlo tal y como estaba planeado. La operación fue de mucho riesgo, pues tuve que eliminar la madera muerta de la raíz principal para después enrafiar y doblar las venas vivas, hasta que fue posible plantar el árbol correctamente.
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Por fin, con ayuda de rafia, alambres y tacos (de madera) conseguí plantar el árbol e inmovilizarlo perfectamente.
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Después del trabajo. El esfuerzo valió la pena.
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